La Isla Grande de Tierra del Fuego limita al sur con una extensión marina que une el océano Atlántico con el Pacifico y la separa de las islas más australes del archipiélago fueguino. Este estrecho canal, escenario de la vida cotidiana de los pueblos originarios de la región durante miles de años, era llamado Onashaga por el pueblo Yagan, el cual habitaba sus costas, navegaba hábilmente sus aguas, y obtenía de él la mayoría de los recursos necesarios para llevar una vida próspera.

 

Según la traducción más difundida, Onashaga en idioma Yagán significa “Canal del Norte”.

 

Si bien según los registros arqueológicos más antiguos este pueblo habita las costas del canal desde hace por lo menos 7000 años, los europeos a su llegada a principio de 1800 lo rebautizaron, imponiendo hasta nuestros días la denominación “Canal Beagle”.

 

El nombre fue elegido por el capitán inglés Fitz Roy en honor a su embarcación, con la cual descubrió para los europeos el paso interoceánico en el año 1826. Este hecho significó el inicio del proceso que terminaría con la instalación definitiva del hombre blanco en la costa sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego y el posterior nacimiento de la ciudad de Ushuaia.

 

¿Qué características tiene?

 

Este majestuoso canal comunica los océanos Atlántico y Pacífico, extendiéndose a lo largo de 180 kilómetros. Onashaga está compartido por Argentina y Chile, correspondiendo su mitad oeste enteramente al país vecino, y su mitad este dividido por una línea imaginaria que delimita la mitad norte como perteneciente a Argentina y la mitad sur a Chile.

 

En este sector sus aguas bañan las costas de la Isla Grande de Tierra del Fuego, de las islas Navarino y Hoste, e islas e islotes menores.


Onashaga fue un antiguo valle de origen glacial que tras ser invadido por las aguas del mar se convirtió en el canal bioceánico que conocemos actualmente. Está flanqueado por cadenas montañosas que corren en forma paralela: sobre la costa norte la Cordillera Fueguina (Argentina) y la Cordillera Darwin (Chile), ambas en la Isla Grande de Tierra del Fuego, mientras que la costa sur está demarcada por una sucesión de islas chilenas entre las que se destacan Navarino y Hoste, ambas con picos que superan los 1000 m s.n.m.

 

Desde el punto de vista ambiental las costas del Onashaga (Canal Beagle) tienen una relevancia muy particular ya que en ellas se puede encontrar el único bosque andino patagónico que limita con el mar. Este diverso ecosistema presenta especies vegetales muy características de la región como los guindos, el canelo y el notro, y es el hábitat natural de especies animales emblemáticas como por ejemplo el pájaro carpintero gigante, el huillín o el zorro colorado.

 

El canal se ha formado como resultado de la acción glaciar sobre un terreno atravesado por fallas geológicas de orientación este-oeste.


El área fue cubierta por el hielo en repetidas oportunidades, y al menos en las dos últimas glaciaciones, fue ocupada por glaciares procedentes de la Cordillera Darwin.

 

El paisaje actual es el resultado del último máximo glacial ocurrido aproximadamente hace unos 25.000 años y durante el cual se desarrollaron varios grupos de morenas y un campo de drumlins, geoformas estas últimas muy escasamente representadas en todo el hemisferio sur.

 

El ingreso del mar al canal se produjo hace unos 8.200 años. Onashaga constituye el único canal del archipiélago fueguino que forma parte del territorio argentino. En él se encuentran ejemplos de geoformas de origen glaciar, únicas en el país. Además, es importante destacar que es el único lugar de Argentina en que el bosque se encuentra en contacto con el ambiente marino, por lo que la relevancia de este sitio no es sólo geológica y geomorfológica, sino también ecológica.

 

Las costas del canal han sido testigos de una rica historia que se extiende, por lo que sabemos, hastahace alrededor de 7000 años en el pasado. Durante miles de años, y hasta mediados del siglo XIX los pueblos Yagán y Kawésqar fueron los únicos habitantes de esta región, a la cual se encontraban perfectamente adaptados y en la que desarrollaron su propia identidad y cultura, muy arraigadas a la vida nómada.

 

Eran excelentes navegantes y profundos conocedores de su entorno, del cual obtenían todos los recursos necesarios para poder prosperar y desarrollarse en armonía con el ambiente natural. El territorio que para los primeros europeos resultaba inhóspito y no apto para la vida humana, era para los pueblos originarios el hogar que les brindaba todo lo que necesitaban.

 

La llegada de los hombres blancos significó para estos pueblos el final de una era y el comienzo de una nueva, en la cual su población se vio reducida, su cultura, creencia y costumbres casi olvidadas, y su estilo de vida forzosamente transformado.

 

Sin embargo su sangre ha sobrevivido hasta nuestros días y los modernos Yaganes y Kawésqares trabajan arduamente para mantener viva su cultura ancestral y proteger el territorio del embate de los tiempos modernos.