El bosque y su diversidad

Durante las glaciaciones descendió el nivel del mar hasta 140 metros por debajo del nivel actual, y como consecuencia se expuso parte de la plataforma submarina. Durante los periodos interglaciales, el nivel del mar aumentó, lo que forzó nuevamente el desplazamiento de los bosques hacia áreas más elevadas. Esta reiteración de glaciaciones/interglaciaciones se produjo en repetidas oportunidades en el último millón de años. Durante el Holoceno, según el geólogo investigador Jorge Rabassa, el bosque inició su dispersión, ocupando espacios que los hielos dejaban libres en sus retrocesos. La colonización fue más inmediata a lo largo del Canal Beagle, y más lenta en el interior de la Isla Grande.

El avance de los hielos fue acompañado por el surgimiento de los suelos permanentemente congelados, lo que forzó el desplazamiento de los bosques a sectores de clima y suelo más favorables.

En Argentina y Chile, actualmente el bosque subantártico se extiende por la Cordillera de los Andes, entre los 37° y 55° lat. Sur. Estos bosques son densos, favorecida su existencia por la humedad. A medida que se asciende por la pendiente sube en la montaña dejan de predominar los bosques y aparecen vegetación herbácea.

La zona de bosques está caracterizada por un clima templado-húmedo y con abundantes precipitaciones. Debido a esto, los bosques se han adaptado a un reposo invernal. Durante el invierno la actividad de las plantas disminuye y el agua permanece en estado sólido en forma de nieve o hielo. Por esta razón las raíces en esta estación se adaptan a absorber menos agua.

Las especies más aptas para estas condiciones y predominantes de la zona son las pertenecientes al género Nothofagus. Dentro de este grupo se destacan tres especies en Tierra del Fuego: lenga (Nothofagus pumilio), ñire (Nothofagus antartica) y guindo (Nothofagus betuloide). Pero también, en menor cantidad, se puede encontrar otras especies como el canelo (Drymis winteri) y notro (Embothrium coccineum).

A simple vista se aprecia que la distribución de las especies no es uniforme. En las zonas más cercanas al mar (ladera abajo o cerca del acantilado), predominan las especies más hidrófilas como el notro, el canelo y el guindo, estos últimos, para resistir a los fuertes vientos típicos del sudoeste, crecen más achaparrados y generan una barrera de protección a otras especies.

También es posible encontrar flores muy vistosas, como el botón de oro (Ranunculus repens), la chaura (Gaultheria mucronata), la topa topa (Calceolaria biflora) y la siempreviva (Armeria maritima).

Textos: Tec. en Turismo Marisol Martinez
Revisión: Mag. María Laura Borla